













Empezó por fin el viaje y tras atravesar Sudáfrica se internaron por Rhodesia, hoy Zimbabue, y lo hicieron en la época menos propicia, la época de lluvias. Los caminos embarrados acabaron con la mayoría de los integrantes por los suelos en numerosas ocasiones, llevándose la peor parte Maristany, que a base de trompazos iba asumiendo y aprendiendo el oficio de piloto todoterreno. Más tarde y ya en territoro de Tanzania descubren el Kilimanjaro. Visitan la tribu de los Tonga, donde reparten banderitas de Montesa a los nativos y convierten el poblado en un sarao propio de Bienvenido Mr. Marshall. Intentan entrar en Sudán por Uganda, pero el puesto fronterizo sudanés les impide el paso, por lo que tienen que volver a Nairobi e intentarlo por Etiopía.
Llegan a Isiolo, en la frontera de Kenya con Etiopia, sin mayor contratiempo a pesar de haber cruzado el Distrito de la Frontera Norte, una de las zonas más peligrosas de Africa. De hecho hacía pocas fechas una expedición suiza había sido diezmada por una banda de somalis.
Y esta se puso en marcha a principios de enero de 1962 en Ciudad del Cabo. Aparte de los tres prototipos Montesa de 175 c.c. ensamblados en su fábrica de Esplugas de Llobregat se les unió un Land Rover como vehículo de apoyo adquirido en Ciudad del Cabo. Montesa sufragaba la mitad de los gastos de expedición y la firma Wynn's se hacía cargo del resto. Montesa por su parte se curó en salud y les hizo firmar a los integrantes de la expedición un documento por el que Montesa se desligaba de toda responsabilidad por los riesgos y percances que pudiéran sufrir en el transcurso de la travesía.Culminada con éxito la Operación Impala el prototipo paso del anonimato a ser bautizado con el nombre de la expedición que lo puso a prueba y desde entonces la Montesa Impala se ha convertido en un clásico más que polivalente. De hecho es uno de los pocos modelos en el mundo de la moto que ha visto más transformaciones. Del uso cotidiano para el que se concibió, ha visto también como se utilizaba como moto de trial, de motocross y de velocidad. Diferentes y radicalmente opuestas actividades que prueban una vez más la versatilidad de esta moto de leyenda que obtuvo el premio Delta de Oro en 1962 al mejor diseño.
El padre de la montesa Impala fue Leopoldo Milá, que empezó a trabajar de operario en la empresa Permanyer-Montesa y acabó como socio y creador de sus modelos. Corria el año 1961, la fábrica Montesa de Espulgas de LLobregat apenas tenía un año de vida y se reclamaban nuevos modelos para la cadena de montaje. Leopoldo tenía un prototipo en mente de 175 c.c. un novedoso diseño de motocicleta de dos tiempos, cómoda, robusta y económica que contaba con un depósito elevado y un singular asiento en forma de guitarra. La fiabilidad debía de ser su punto fuerte y el banco de pruebas que eligió no podía ser más exigente. Un recorrido exhaustivo de tres meses y 20.000 km. por las peores carretera y pistas posibles, las de África.